Y es que ocurre que cuando la poesía se transforma
en la justificación neurótica de una modernidad vacía
donde la gente guapa nunca se ahorra
ni uno de mil para encontrar amantes.
Aquellos que hablan de estupefacientes y calendarios
que llorarían viendo teñida en rojo su nariz
recuerdan su último amor de fin de semana
cuando volaban a cambio de medio de spiz.
Sin embargo siguen escribiendo, recitando
y yo, los vuelvo a escuchar, y a reir
por oir sus dramas de salón, mientras
otro joven que tuvo sueños vende su piel
en el polígono.
Y a cambio de mas heridas en su alma
se vomita encima y se postula a apostol de la muerte
y yo, lloro porque el mundo no gira, y a pesar de todo,
nunca deja de moverse.
Juro que este es mi último poema.
Es necesario romper tus propias conexiones, cuestionarte tu vida y toda su estructura, para darte cuenta de que, como el resto de las cosas del mundo, no son mas que ficciones electroquímicas y marcos de análisis.
jueves, 18 de septiembre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Poema XVIII
La combustión de los trazos verdosos
atrapándome por la espalda y sin permiso,
un zarpazo salvaje clavándose sobre los posos
de la locura, viajando, rodando por el piso.
Y retrocedo, y estás bañado en líquido amniótico
y ese mismo padre, de nombre impronunciable
me rechaza y sufro ese maldito panóptico
como observador y observado de miles de realidades.
Entonces, solo entonces, supe, conocí, comprendí
toda existencia y toda verdad
antes de despertarme y llorar, llorar
como aquel niño tembloroso y descuidado que fuí.
Y me abracé de nuevo clavándome las uñas
y me atravesó el pecho la indiferencia
el dolor y el asco de desconocer la circunferencia
del conocimiento que contra mí como un hierro hirviendo empuñas.
atrapándome por la espalda y sin permiso,
un zarpazo salvaje clavándose sobre los posos
de la locura, viajando, rodando por el piso.
Y retrocedo, y estás bañado en líquido amniótico
y ese mismo padre, de nombre impronunciable
me rechaza y sufro ese maldito panóptico
como observador y observado de miles de realidades.
Entonces, solo entonces, supe, conocí, comprendí
toda existencia y toda verdad
antes de despertarme y llorar, llorar
como aquel niño tembloroso y descuidado que fuí.
Y me abracé de nuevo clavándome las uñas
y me atravesó el pecho la indiferencia
el dolor y el asco de desconocer la circunferencia
del conocimiento que contra mí como un hierro hirviendo empuñas.
Poema 8 de febrero de 2013
Mi pequeña musa, cuyo olor se abraza
a la ropa cuando si te resistes puedo besarte
rota ya, vestida de jaras, tabaco y zarzas
cuando tu abrigo es la última frontera para volar hasta Marte.
Y tu caricia a mi neocortex, tras la que se niegan
a responderme los brazos, los dedos, las velas,
los tobillos, el bombeador de sangre, las piernas
y mis ojos, incapaces de abrirse riegan mis mejillas.
Un armónico sonando contra la cabeza y el reflejo
de mirarte como antaño miraba las hormigas,
y la circunflexión del tronco arrugado y viejo
de al encina que atesora, mis intentos por amarte.
Una nuca, la mía, esperando que vengan
a capturarme esos mamíferos vampíricos de leyendas eslavas
dejándose caer en el asiento que no existe, tú quedándote
a mi lado, mientras escucho voces, susurros, palabras.
Los recuerdos que me gritan tu ausencia
marcándome a fuego que marchaste, tras escupirme,
tras follarme con odio y con tu ambigua presencia,
que nunca llegué del todo a pensar tener que creerme.
Callas, callas como hacen todos, incapaz
de mirar mis pupilas tan verdes como tu semilla
y te vas, y vuelves a pedirme de rodillas
que yo, a quien vomitaste encima tu indiferencia
te conceda otra oportunidad.
Y yo, impasible, duermo por tu culpa
imaginando el desayuno de dudas
que sobre mi paladar habré de soportar
y lloro, y clamo, y rompo el papel sobre el que escribí:
"Respirad mis gritos callados, porque yo, ni puedo ni podré,
tener ni conceder, ninguna otra oportunidad".
a la ropa cuando si te resistes puedo besarte
rota ya, vestida de jaras, tabaco y zarzas
cuando tu abrigo es la última frontera para volar hasta Marte.
Y tu caricia a mi neocortex, tras la que se niegan
a responderme los brazos, los dedos, las velas,
los tobillos, el bombeador de sangre, las piernas
y mis ojos, incapaces de abrirse riegan mis mejillas.
Un armónico sonando contra la cabeza y el reflejo
de mirarte como antaño miraba las hormigas,
y la circunflexión del tronco arrugado y viejo
de al encina que atesora, mis intentos por amarte.
Una nuca, la mía, esperando que vengan
a capturarme esos mamíferos vampíricos de leyendas eslavas
dejándose caer en el asiento que no existe, tú quedándote
a mi lado, mientras escucho voces, susurros, palabras.
Los recuerdos que me gritan tu ausencia
marcándome a fuego que marchaste, tras escupirme,
tras follarme con odio y con tu ambigua presencia,
que nunca llegué del todo a pensar tener que creerme.
Callas, callas como hacen todos, incapaz
de mirar mis pupilas tan verdes como tu semilla
y te vas, y vuelves a pedirme de rodillas
que yo, a quien vomitaste encima tu indiferencia
te conceda otra oportunidad.
Y yo, impasible, duermo por tu culpa
imaginando el desayuno de dudas
que sobre mi paladar habré de soportar
y lloro, y clamo, y rompo el papel sobre el que escribí:
"Respirad mis gritos callados, porque yo, ni puedo ni podré,
tener ni conceder, ninguna otra oportunidad".
sábado, 30 de agosto de 2014
Reflexiones sobre el amor
El amor romántico mata, comenzaron a decir nuestras compañeras feministas desde hace años, todos les miraban horrorizados, e incluso algunas personas que se autodenominaban mujeres sentían miedo al poner en cuestión un pilar al parecer taan importante para esta sociedad post-capitalista que nos toca vivir.
Como de costumbre, y nadando muy a contracorriente voy a apoyar la tesis de la muerte (Mas que necesaria) del amor romántico, sin miedos y sin complejos, y juro que sin escribir la palabra familia ninguna vez.
Yo desde bien niñx fui alineadx dentro de esa preciosa y marginal categoría de "la gente fea" y qué demonios, se está a gusto allí, por lo que he tenido pocas oportunidades de experimentar eso que se llama amor, lo cual no implica que no sepa perfectamente qué es, y qué contradicciones implica, siempre ví con recelo, e incluso con asco que la gente afirmara estar con la persona de su vida, o que su pareja era perfecta... Es algo que no podía soportar, y aún hoy, me sigue repugnando, es tan opresivo que no lo aguanto.
Pero yo también caí en dichos rollos, y también afirmé esas mierdas, y me arrepiento demasiado, no porque al final ella se fuera, no porque mis poemas fueran cursis, sino simplemente porque no era yo, era el último resquicio de sociedad patriarcal que en mí quedaba, muriendo, y haciendo aspavientos para intentar salvarse, por suerte, no lo consiguió.
El amor es, desde luego, lo peor que le ha pasado al ser humano, y puesto que tengo la suerte de tener una relación libre con mi compañera, yo me niego a estar enamoradx.
Como de costumbre, y nadando muy a contracorriente voy a apoyar la tesis de la muerte (Mas que necesaria) del amor romántico, sin miedos y sin complejos, y juro que sin escribir la palabra familia ninguna vez.
Yo desde bien niñx fui alineadx dentro de esa preciosa y marginal categoría de "la gente fea" y qué demonios, se está a gusto allí, por lo que he tenido pocas oportunidades de experimentar eso que se llama amor, lo cual no implica que no sepa perfectamente qué es, y qué contradicciones implica, siempre ví con recelo, e incluso con asco que la gente afirmara estar con la persona de su vida, o que su pareja era perfecta... Es algo que no podía soportar, y aún hoy, me sigue repugnando, es tan opresivo que no lo aguanto.
Pero yo también caí en dichos rollos, y también afirmé esas mierdas, y me arrepiento demasiado, no porque al final ella se fuera, no porque mis poemas fueran cursis, sino simplemente porque no era yo, era el último resquicio de sociedad patriarcal que en mí quedaba, muriendo, y haciendo aspavientos para intentar salvarse, por suerte, no lo consiguió.
El amor es, desde luego, lo peor que le ha pasado al ser humano, y puesto que tengo la suerte de tener una relación libre con mi compañera, yo me niego a estar enamoradx.
sábado, 23 de agosto de 2014
Reflexiones sobre el aborto
La intención de esta entrada, es la de derribar mitos sobre el concepto de la vida humana, y del "derecho" a esta.
Es habitual que cuando discutimos con alguien anti-abortista nos grite que, esa cosa que hay dentro del vientre de una persona, siente, sufre y tiene derecho a nacer, porque es un "ser" mas débil, o por yo que se que cientos de falacias estúpidas indemostrables como lo del alma y la concepción.
Yo, no voy a basar mi argumentación en que la persona con vagina sea la que decida que entra o sale de su cuerpo, es algo tan obvio que me parece tonto tener que defenderlo a estas alturas.
Voy a jugar con esa persona que grita la doctrina de la santidad de la vida en su mismo terreno; Y es que, demonios, si la vida es tan absolutamente santa para ellxs, ¿Por qué sólo les importan los bebés antes de nacer? ¿Por qué normalmente no les importa qué ocurre en Ucrania, Palestina, Siria..? Si tanto les preocupa la vida de lxs niñxs antes de nacer, ¿Por qué no prohibir la masturbación de los penes? Al fin y al cabo es una matanza de posibles futurxs niñxs, joder, también deberíamos prohibir entonces la misma fecundación, puesto que de millones de espermatozoides solamente uno entra en el óvulo, lxs demás mueren, y ni que decir tiene que lxs estériles debemos ser asesinados ipso facto, puesto que no podemos mantener sus concepciones de la familia y la especie, junto con aquellas personas cuya sexualidad no se base en tener hijxs.
Y si tantísimo les preocupa la vida humana, a todxs aquellxs que dañen su cuerpo, se intenten suicidar y no lo consigan, tomen drogas legales o ilegales, o aquellxs que coman carnes roja, ejecutadxs también, obviamente, puesto que tenemos que defender la sagradísima doctrina de proteger la especie y la familia, y aquellxs que no cabemos en sus urnas, en sus categorías binarias, en sus concepciones de mierda, a nosotrxs también que nos ejecuten si atentamos contra la vida recta y católica que nos imponen.
Que la decisión sea nuestra, es una obviedad, una obviedad tan obvia, que en este mundo tan represivo y anti-heterogéneo tenemos que seguir defendiendo.-
Que nos ejecuten, que no tenemos miedo a la libertad, ni a lo que hay después de morirse, que sabemos que no es nada.
Es habitual que cuando discutimos con alguien anti-abortista nos grite que, esa cosa que hay dentro del vientre de una persona, siente, sufre y tiene derecho a nacer, porque es un "ser" mas débil, o por yo que se que cientos de falacias estúpidas indemostrables como lo del alma y la concepción.
Yo, no voy a basar mi argumentación en que la persona con vagina sea la que decida que entra o sale de su cuerpo, es algo tan obvio que me parece tonto tener que defenderlo a estas alturas.
Voy a jugar con esa persona que grita la doctrina de la santidad de la vida en su mismo terreno; Y es que, demonios, si la vida es tan absolutamente santa para ellxs, ¿Por qué sólo les importan los bebés antes de nacer? ¿Por qué normalmente no les importa qué ocurre en Ucrania, Palestina, Siria..? Si tanto les preocupa la vida de lxs niñxs antes de nacer, ¿Por qué no prohibir la masturbación de los penes? Al fin y al cabo es una matanza de posibles futurxs niñxs, joder, también deberíamos prohibir entonces la misma fecundación, puesto que de millones de espermatozoides solamente uno entra en el óvulo, lxs demás mueren, y ni que decir tiene que lxs estériles debemos ser asesinados ipso facto, puesto que no podemos mantener sus concepciones de la familia y la especie, junto con aquellas personas cuya sexualidad no se base en tener hijxs.
Y si tantísimo les preocupa la vida humana, a todxs aquellxs que dañen su cuerpo, se intenten suicidar y no lo consigan, tomen drogas legales o ilegales, o aquellxs que coman carnes roja, ejecutadxs también, obviamente, puesto que tenemos que defender la sagradísima doctrina de proteger la especie y la familia, y aquellxs que no cabemos en sus urnas, en sus categorías binarias, en sus concepciones de mierda, a nosotrxs también que nos ejecuten si atentamos contra la vida recta y católica que nos imponen.
Que la decisión sea nuestra, es una obviedad, una obviedad tan obvia, que en este mundo tan represivo y anti-heterogéneo tenemos que seguir defendiendo.-
Que nos ejecuten, que no tenemos miedo a la libertad, ni a lo que hay después de morirse, que sabemos que no es nada.
viernes, 15 de agosto de 2014
A la bandera de Triunfo
A modo de introducción:
Era el 2 de Julio de 2014, las 10:30 de la mañana, su excmo presidente del gobierno anunciaba la abdicación del ex-rey Juan Carlos I, la noticia corrió como la pólvora por la facultad, se decía despacito, casi al oído, susurrándolo, era difícil de creer, pero era verdad, a las 20:00 horas, quedábamos en la plaza del Carmen, en el ayuntamiento, había concentración anti-monárquica, no queríamos que nos colasen un nuevo rey, y allí fuimos, miles de personas llenaron Granada, y a eso de las 22:00, alguien gritó, "¡Vamos a Triunfo!", y fuimos, y un valiente, luego mas tarde detenido, se subió al palo de la bandera y la descolgó, a continuación subimos una bandera republicana, que ondeó bajo una Arbonaida. Hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto, eramos uno solo, la bandera yacía en el suelo, humillada, rota, como siempre debió estar, esto, fue lo que escribí al llegar a casa:
Al fin, cayó la bandera de la opresión
con un grito de esperanza y se alzó,
al fin, la bandera de justicia y amor,
aunque confieso, que hubiera preferido ver colgada
la cabeza del borbón.
Abdicó el muy cobarde, corriendo se marchó,
ojalá esta vez no vuelvan los muy bribones
ojalá esta vez nos levantemos en revolución
que la bandera de Triunfo se hizo jirones
y al pueblo le devolvió su ilusión.
Que a los borbones los lancen,
uno a uno a los tiburones,
y jamás se vuelva a desteñir nuestro morado pendón.
que esta vez, sí que sí, ganamos los pobres.
¡Viva la República!
Era el 2 de Julio de 2014, las 10:30 de la mañana, su excmo presidente del gobierno anunciaba la abdicación del ex-rey Juan Carlos I, la noticia corrió como la pólvora por la facultad, se decía despacito, casi al oído, susurrándolo, era difícil de creer, pero era verdad, a las 20:00 horas, quedábamos en la plaza del Carmen, en el ayuntamiento, había concentración anti-monárquica, no queríamos que nos colasen un nuevo rey, y allí fuimos, miles de personas llenaron Granada, y a eso de las 22:00, alguien gritó, "¡Vamos a Triunfo!", y fuimos, y un valiente, luego mas tarde detenido, se subió al palo de la bandera y la descolgó, a continuación subimos una bandera republicana, que ondeó bajo una Arbonaida. Hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto, eramos uno solo, la bandera yacía en el suelo, humillada, rota, como siempre debió estar, esto, fue lo que escribí al llegar a casa:
Al fin, cayó la bandera de la opresión
con un grito de esperanza y se alzó,
al fin, la bandera de justicia y amor,
aunque confieso, que hubiera preferido ver colgada
la cabeza del borbón.
Abdicó el muy cobarde, corriendo se marchó,
ojalá esta vez no vuelvan los muy bribones
ojalá esta vez nos levantemos en revolución
que la bandera de Triunfo se hizo jirones
y al pueblo le devolvió su ilusión.
Que a los borbones los lancen,
uno a uno a los tiburones,
y jamás se vuelva a desteñir nuestro morado pendón.
que esta vez, sí que sí, ganamos los pobres.
¡Viva la República!
domingo, 3 de agosto de 2014
Albayzín
Correcta, sinuosa y enferma
como me encontraba yo al llegar aquí
en efecto, mi poesía, tan quimérica
y extensa como callejones del albayzín.
Media piedra de hachís que quemo,
junto a viejos papeles y una guitarra
que me arde en el pecho y el tiempo que me amarra
cuando recuerdo, que dejé el Albayzín.
Soñando que no iba al mirador ni un turista
y la policía se volvía en calle Elvira
que la copa y crisol de colores y razas
teñía de rojo y no de verde las paredes del Albayzín.
Y mientras mis pasos dilapidan el horizonte
que ante mis ojos destila el opio del sacromonte
yo aún recuerdo, cuando vine a Granada, sin tí,
que me dio por perderme, mirando al cielo
y al suelo del Albayzín.
como me encontraba yo al llegar aquí
en efecto, mi poesía, tan quimérica
y extensa como callejones del albayzín.
Media piedra de hachís que quemo,
junto a viejos papeles y una guitarra
que me arde en el pecho y el tiempo que me amarra
cuando recuerdo, que dejé el Albayzín.
Soñando que no iba al mirador ni un turista
y la policía se volvía en calle Elvira
que la copa y crisol de colores y razas
teñía de rojo y no de verde las paredes del Albayzín.
Y mientras mis pasos dilapidan el horizonte
que ante mis ojos destila el opio del sacromonte
yo aún recuerdo, cuando vine a Granada, sin tí,
que me dio por perderme, mirando al cielo
y al suelo del Albayzín.
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